Nos han invitado porque este año la sección dedicada al cómic tenía como tema el género autobiográfico.
Rosa estaba muy contenta porque todos los libros que se podían encontrar ya tenían al menos tres muertos en la primera página. Cosas de familia, mejor no preguntar.

Yo destacaría varias cosas:
El pan en Gijón es lo que se dice costrón, costrón. Y encima siempre ponen mucho en la mesa. Y si se te acaba te ponen más. Y no te lo cobran (ni siquiera el primer trozo). Comparado con Barcelona, que si te ponen una rodaja más de pan te cobran el doble de lo que pagas por la seguridad social de autónomo, es algo que se agradece.

Por las mañanas, la playa está súper fresquita porque la arena ha estado mojada toda la noche. Está llena de agüeletes, y ni una tía hace topless o enseña el culo con un tanguilla curiosón.
Los paseos por el camino costero son de los de sacar ampollas en los pies. Pero qué vistas, coño. Y qué bonito es el centro de la ciudad, y qué de sidra, y qué de tapas, y qué de gijoneses, y qué chulo es el parquecito de la escultura de Chillida, y la escultura en sí. (Y Rosita.) A esa señora de ahí atrás no la conocemos de nada.

Vimos que el Peri tenía un imperio por una zona de Gijón, y qué callado se lo tenía el bellaco. Adjunto prueba.

A las charlas asistía mogollón de público, y se lo pasaban teta: aplaudían y todo. Yo lo hice fatal, para no variar. De izquierda a derecha, Norman Fernández, Pepe Gálvez, yop, Carlos Giménez, Rachel Deville, Gallardo, Joan Mundet, y Ramón Boldú. Miren qué librito habían preparado hablando de nuestro trabajo.


Las placas de los nombres de las calles son mentirosas también en Gijón.

Y, desde luego, la organización es una pasada, y un exitazo de asistencia.
¡¡Queremos volver!!